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  • José Arroyo

¿Cómo luce El Libro de los Espíritus hoy día?

Actualizado: 22 de jun de 2019

Leer algo que viene del pasado, a través de los ojos críticos del hoy, puede considerarse anacrónico. Es impropio, por ejemplo, tratar de señalar fallas en las cartas geográficas de las Américas en el Siglo 16 comparándolas con la exactitud que produce una imagen satelital en nuestros tiempos. Ese ejemplo aplica también al Espiritismo y a la literatura básica producida por Allan Kardec, el fundador del Espiritismo. Lo que nos corresponde, en todo caso, es adecuar lo leído a nuestra comprensión actual. No es ir al pasado a señalar lo que hay que cambiarle, cosa impropia, sino traer del pasado lo útil, verlo en su contexto y comprender qué no está a tono con el hoy y qué puede ser comprendido mejor con el hoy.


Les comparto a continuación este ensayo de la amiga María Alicia Vercesi, de Argentina, que nos aclara al respecto.


KARDEC Y "EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS" (UNA VALORACIÓN)

Por María Alicia Vercesi de Dubrich


Publicado en IDEALISMO (2008) conmemorando el 80mo Aniversario de la Sociedad Espiritismo Verdadero.


Cuando en 1854, Hipólito León Denizard Rivail (Kardec) toma contacto con el fenómeno llamado "mesas parlantes", se produce el encuentro entre una ciencia –que no sabía aún que lo era– y un hombre honesto, conocedor del método científico de investigación, con una sólida trayectoria en la docencia y un reconocido prestigio como pedagogo. Es Kardec quien evita que la futura Doctrina Espirita siga siendo un simple entretenimiento de salón, para llegar a ser un Conocimiento Científico de bases universales.

Para ello crea un método de trabajo que permite usar la mediumnidad para estudiar el mundo espiritual, las Leyes que lo rigen y rigen la evolución, y los mecanismos que se ponen en funcionamiento para establecer el contacto inteligente entre ambos universos, e impulsar conscientemente el progreso del espíritu.

Así, fruto de sus profundos y metódicos estudios y análisis, y de ser capaz de descubrir las causas detrás de los hechos, aparece el 18 de abril de 1857 por primera vez, "El libro de los Espíritus" estructurado en base a una lista minuciosamente elaborada de preguntas que Kardec formulara a los espíritus, a través de diferentes médiums.

“El Libro de los Espíritus" contiene sin lugar a dudas, los fundamentos del Espiritismo, (etimológicamente, espiritismo significa: sistema para el estudio del espíritu), pues todo lo que se escribió y se investigó luego sobre el tema, tiene como punto de partida esta obra eminentemente evolucionista.

Kardec lo define así: El Espiritismo es la ciencia que trata la naturaleza, origen y destino de los espíritus y sus relaciones con el mundo corporal. Y le dio carácter científico, porque en general una ciencia tiene un campo de investigación específico, propio, métodos de estudio, y experiencias a analizar que deben poder repetirse. El campo de estudio es el espíritu encarnado y desencarnado; la metodología: el uso controlado de la mediumnidad; la experiencia repetible: la comunicación con el mundo espiritual.

Además decía: “Al espírita se lo conocerá por su transformación moral", transformación que hace al conocimiento de sí mismo, base y objetivo de una Doctrina, que brinda al ser los elementos necesarios para reconocerse fehacientemente espíritu inmortal, trascendente y responsable de sus sentimientos, pensamientos y acciones.

Kardec trabajó con método, seriedad, con constancia, sin más brújula que su juicio crítico y fino sentido analítico, todo lo cual le posibilitó confeccionar un libro sólido en cuanto a conceptos y profundo en cuanto a contenidos, sin dejarse atrapar por engaños, falsos prejuicios, adulaciones o vanidades personales, haciéndolo accesible a todo ser que anhele la evolución.

Un espíritu superior manifiesta: El conocimiento espírita está basado en la comunicación mediúmnica con los seres desencarnados. Ésta es la mayor revelación en la vida del hombre, su mayor esperanza y su mayor consuelo. Ello sintetiza la vida inmortal y la indestructibilidad espiritual.

Y por ser El Libro de los Espíritus la piedra fundamental donde se asienta la Filosofía, la Ciencia y la Moral Espirita, quisiéramos hacer a 151 años de su aparición[1], algunas consideraciones.

Son consideraciones, no una crítica a su contenido que es valiosísimo, sino fundamentalmente una valoración retrospectiva, de una obra literaria que contiene un saber inédito en cuanto a contendido temático, organizado sobre un mundo inexplorado: el mundo del espíritu.

Valoración que inevitablemente debe incluir una visión más acorde a la mentalidad del hombre del siglo XXI, una actualización de ciertos conceptos y/o términos, a la luz del mayor conocimiento que sobre Espiritismo y ciencia tenemos hoy día, propiciando una lectura que no se apegue a la letra, sino que capte, que interprete la idea, el conocimiento que en él se plasmó, que es lo verdaderamente trascendente, profundo y muchas veces revelador del mismo.

Estas consideraciones serán en base a dos variables: una, el contexto histórico en el que vivió Kardec, la época en que fue escrito el libro y otra, el empleo de la mediumnidad.

Con respecto al contexto histórico, nos estaríamos refiriendo tanto a las limitaciones de su propio saber, a la ausencia aun de los conocimientos que disfrutamos hoy día, como al ambiente socio-cultural imperante y al incipiente desarrollo de una doctrina, cuyas bases se estaban aún elaborando.

Es decir, Kardec sólo podía interrogar acerca de los conocimientos que él en ese momento evolutivo poseía, con las palabras propias de la época y del médium con que trabajaba. Era un investigador, pero con las limitaciones del momento histórico que le tocó vivir, como le ocurre a todos los seres humanos.

Aun así fue quien abrió el camino, que es lo más difícil, impulsando el estudio científico de la mediumnidad por muchas mentes lúcidas de su tiempo, promoviendo una intensa etapa de investigación como no se recuerda en la historia de la humanidad.

Al revisar esta obra, a modo de ejemplo, encuentro que la palabra castigo se repite numerosas veces. Actualmente considero que no es la más adecuada, porque se contradice con la misericordia y el amor de Dios y sus Leyes, que propician el progreso de los espíritus, no el castigo de sus acciones.

Ni Dios ni sus Leyes castigan, sino que a través de las vidas sucesivas, brindan tiempo y oportunidades a todos los seres, para que aprendan a desarrollarse, por lo que podríamos reemplazar este término por aprendizaje existencial o pruebas a atravesar, sin que cambie el sentido del texto.

Notamos también en algunas respuestas, ciertos rasgos de religiosidad. Pero entiendo que son influencias culturales de la época, que ni Kardec, ni los médiums, ni siquiera los espíritus comunicantes, pudieron soslayar. Por eso nos encontramos con firmas como la de San Luis, San Agustín, Pablo Apóstol y otras.

No cuestiono el texto mediúmnico, sino que pienso que esos espíritus también han evolucionado, y no deberían firmar en la presente obra como santos, pues esa designación le corresponde a la religión católica, y nosotros no compartimos esa jerarquía eclesiástica.

Por otra parte, es sabido que no hace falta una firma identificatoria para valorar un mensaje, si éste encierra una verdad analizada con juicio criterioso.

Ésta es una dificultad que tenemos muchos seres humanos. A veces nos apegamos a los nombres y nos parece que es más importante si firma por ejemplo “San Pablo” que si firma “Espíritu de Luz”.

Quizá nos falte amplitud para la evaluación de los mensajes espirituales desde una óptica más objetiva y racional, y apreciar el texto, sin quedar anclados en el nombre, porque así “congelamos” o fijamos en una sola existencia la imagen que tenemos del espíritu que se comunica, y olvidamos que es un ser en evolución que pasó por diversas encarnaciones para llegar a ese nivel evolutivo y sobre todo, que su proceso de progreso continúa.

Con respecto a la mediumnidad, es un fenómeno que existió en toda la historia de la humanidad. Pero fue Kardec quien creó y organizó un método de investigación para su uso inteligente, con las restricciones propias de un conocimiento que se estaba gestando, pero serio, ordenado y sistemático.

No podemos dejar de reconocer, que los espíritus pueden dar información acorde al grado de desarrollo de la mediumnidad por la que se comunican, y que no pueden en la mayoría de los casos, utilizar palabras o expresiones que le son ajenas al médium. Debe haber un mínimo de coherencia entre el espíritu comunicante, el médium y el conocimiento que se está brindando para favorecer la fidelidad del mismo.

Es innegable el peso que tiene en una manifestación, la personalidad, la condición cultural, los preconceptos y/o prejuicios de los médiums, ya que favorecen o limitan –aun actualmente– la recepción de conocimientos. Por ello, creo que uno de los mayores obstáculos que tuvo que salvar Kardec, fue justamente el uso de los médiums, su manejo y empleo, pues sabemos cómo esto influye, en la mayor o menor fluidez y fidelidad de las respuestas, así como en la calidad de los espíritus comunicantes.

Por eso, en muchas de las respuestas dadas por los espíritus a Kardec, sin dejar de reconocer la parte de certeza que tienen, lo que hoy llamamos información monitora, deberíamos hacer una lectura más profunda y universal.

Veamos un ejemplo: En la pág. 77 (tema Dios) Pregunta # 9 ¿En qué se conoce, en la causa primera, una inteligencia suprema, superior a todas las demás?

Respuesta: Tenéis un proverbio que expresa: "Por la obra se conoce a su autor...” El orgullo es el que engendra la incredulidad... ¡Pobre ser a quien puede abatir un soplo de Dios!

Esta expresión ¡Pobre ser a quien puede abatir un soplo de Dios!, no concuerda con la primera parte de la respuesta, ni con el lenguaje de un espíritu elevado, porque sabemos que los espíritus somos inmortales por más tendencias erróneas o conductas equivocadas que ejerzamos. ¿Un giro mediúmnico fervoroso, una interferencia deseosa de ratificar la superioridad de Dios?... Lo valioso es la primera parte del mensaje.

Esto por mencionar sólo algunos ejemplos. Otros, los podrá ir descubriendo el ojo analítico del lector.

Deberíamos recordar además, que las traducciones tienen sus errores y hay citas que no siempre respetan el espíritu con que han sido escritas originalmente.

Pero en la amplia mayoría de los temas, pudo superar y de hecho superó sus propias limitaciones y las de la época. Un ejemplo lo tenemos en la primera pregunta del libro: Qué es Dios, despersonalizando por completo al Creador, cuando tanto en América como en Europa, las religiones nos decían quién era Dios. Este ejemplo de abstracción profundo nos pone de manifiesto lo trascendente de su obra.

Me pregunto: ¿Pierde su valor este libro por las consideraciones que hemos hecho? NO. Su contenido, sus conceptos, sus enseñanzas, están incólumes y muchas son aún, de avanzada. Nos toca a esta generación ser capaces de continuar la obra con la misma constancia, método y rigor científico con que lo hizo Kardec.

Es más, podríamos decir que la Doctrina Espírita con “El Libro de los Espíritus" a la vanguardia, representa un Paradigma Filosófico, Científico y Moral para enfocar la vida y la evolución desde una postura pluralista, evolutiva, generosa y consciente.

[1] El 18 de abril de 2019 se cumplieron 162 años de la publicación de El Libro de los Espíritus. Este artículo, a pesar de haber sido escrito hace 11 años, provee elementos importantes que le hicieron merecedor de ser publicado nuevamente. (Nota del Editor)


Imagen de la 4ta Edición de El Libro de los Espíritus


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