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  • José Arroyo

El desarrollo del pensamiento y el Espiritismo; Una espiritualidad para el Siglo XXI

Escrito por Kelvin Fuentes


Las primeras dos décadas del siglo 21 se nos muestran de la mano de las ciencias. La genética, astrofísica, desarrollo de células madre y la robótica, continúan atrayendo el saber científico a nuevas fronteras. En el campo de las comunicaciones el mundo experimenta una revolución movida por redes satelitales que nos acercan mediante el internet, y nos abre el mundo entero al alcance del toque de un teclado en el computador o en el celular.

Vivimos en un mundo interconectado. La globalización económica ha encontrado nuevos espacios para llevar al mundo a un consumismo económico brutal, mientras algunos países objetando el neoliberalismo, buscan en el socialismo la solución a sus problemas.

Así, el mundo nos sorprende con la aparición de los "fundamentalismos", que muchas veces amenazan la sana convivencia y pretenden devolver la sociedad a un estado de oscurantismo medieval.

En esta coyuntura, será necesario el refinamiento del pensamiento humano. Tarea que debe ir tomado de la mano del conocimiento científico, sumado a valores éticos y morales de carácter universal que permita a cada individuo el sano uso de la razón y el libre pensamiento.

Esta es precisamente la tesis del Espiritismo, que a pesar de tener junto a nosotros más de 150 años, sigue siendo tan actual como en los días de Allan Kardec. En la ciencia Espírita, el ser humano abarca todas las dinámicas de la vida, haciendo una propuesta científica y rigurosa, capaz de llevar a nuestras sociedades a un desarrollo evolutivo constante, y hacer del individuo un ente capaz de alcanzar su destino; el progreso.

La moral Espírita basada en las verdades universales presentadas por Jesús en el evangelio, son la suma de la propuesta religiosa, social y moral del Espiritismo. En esta propuesta, despojado a los seres humanos de la mitología, el dogma, el rito y las fórmulas en desuso, nos adentramos al estudio de valores universales y prácticos, tomando a Jesús como su principal modelo. Ese modelo se convierte en una referencia que inspire en el espiritismo la empresa de construir una moral universal. Esa moral, adaptada a nuestro tiempo puede ser construida mediante estructuras libre pensadores y secularistas, sin miramientos clericales que busquen en el dogma un medio de imponer su hegemonía, incrementando el estudio de las ciencias sociales, la educación y fomentando espacios de reflexión hacia el amor y la paz. El centro Espírita debe ser un lugar de educación para el espíritu, un espacio de investigación y reflexión constante, capaz de adaptar su propuesta filosofía y doctrinaria a la par con los últimos descubrimientos científicos. Debe adaptar su lenguaje a las nuevas tecnologías y llegar a ser un instrumento accesible a las generaciones futuras. Ese era el espíritu de Kardec quien demostró ser todo un progresista capaz de llevar la ciencia Espírita por la ruta del progreso.

Descartar pues la propuesta Espírita, es negar a la ciencia la exposición sublime de hechos científicamente comprobables. Es arrancar a la humanidad la esperanza de un mundo mejor y el consuelo de una vida eterna, con todas experiencias y realidades. Los próximos años serán de suma importancia para la divulgación y promulgación del ideal Espírita. Tenemos en nuestras manos una filosofía de carácter científico capaz de transformar al mundo, tomado del libre pensamiento, y la ciencia. ¡Que así sea!

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