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  • José Arroyo

Espiritismo fuera de la Escuela, Centro o Instituto Espírita

Consideramos importante empezar este artículo con la siguiente aclaración: Allan Kardec publicó sobre 20 obras, las cuales constituyen, a nuestro entender, las bases de la filosofía espiritista. Reducir la voluminosa obra kardeciana a una cuarta parte de esto, indicando que sólo hay 5 obras "principales" es una sobre simplificación y hasta un menosprecio al titánico trabajo que realizó el fundador del Espiritismo.


Dentro de esas interesantísimas obras, existe una, de las menos citadas o hasta desconocidas por muchos espíritas: "El Espiritismo en su más simple expresión". En este pequeño opúsculo, hay unos señalamientos sumamente interesantes, como los del inciso 35 y 36. Estos son: "El fin esencial del Espiritismo es el mejoramiento de los hombres. En él no ha de buscarse mas que lo que puede favorecer el progreso moral e intelectual" seguido por "El verdadero Espiritista no es aquel que cree en las manifestaciones, sino el que se aprovecha de la enseñanza dada por los Espíritus. De nada sirve creer, si la creencia no hace dar un paso más en el camino del progreso, y si no nos hace mejores para con el prójimo".


A pesar de la sencillez y lo directo de esas citas, algunas personas no comprenden que el Espiritismo nos invita a la acción intrínseca y extrínseca. Internamente, deben operarse cambios, modificaciones, reformas, en la medida en que el individuo analiza, reflexiona, recapacita, se va conociendo y comprendiendo su naturaleza, su pasado, su presente y su porvenir, utilizando como base el paradigma humanista-espírita. Todo este proceso de autorrealización debe venir, inexorablemente, acompañado de ajustes en actitudes, en palabras, en obras, en manifestaciones externas que demuestran la congruencia entre lo pensado y lo vivido. Es decir, si queremos ser consistentes entre el pensar que mejoramos, que estamos cultivando nuestra felicidad y vivimos en la alegría del progreso, eso no puede quedarse callado, reservado y disimulado como un logro atesorado y guardado en el sótano de la intimidad. Son necesarias las acciones, los esfuerzos activos que nos demostrarán, primero a nosotros y luego a quienes nos rodean, que estamos pasando por etapas de crecimiento intelecto - moral, que no son para almacenarlos, sino para dinamizarlos en nuestro entorno. Las modificaciones en nuestros patrones de pensamiento no deben escapar a su concreción en el mundo que nos rodea: parejas, familia, vecindario, comunidad, país, región y el mundo.


Si como colectivo, ahora refiriéndome a un núcleo espírita, no recordamos constantemente que el Espiritismo se debe convertir en una filosofía de vida, no solo de especulación espiritualista, entonces le hacemos un flaco servicio a la divulgación espírita y a nuestras propias conciencias. No nos referimos a convertir, necesariamente, el núcleo espírita en una asociación de beneficencia o asistencialista. Aunque eso tiene sus méritos, ese no es el rol principal de un núcleo espírita. Pero sí, dicho núcleo, compuesto por encarnados y desencarnados, debe proyectarse socialmente, comenzando por las ya mencionadas fases de modificación interna, hasta las más diversas manifestaciones de solidaridad y fraternidad. En un mismo núcleo, como sucede siempre, encontraremos personas afines a ciertas dinámicas e ideas que procuran el progreso general. Siendo una de ellas, entre las miles de causas que podemos abrazar, la defensa y vigilancia por el respeto de los derechos humanos. Todo lo demás que nos interesa, individual o colectivamente, se deriva de esto o resonará entre estos derechos.


¿Por qué somos activistas por los derechos humanos en la Escuela Espírita Allan Kardec? ¿Por qué marchamos o nos mantenemos alerta y somos vocales ante temas como la pena de muerte, los derechos de las personas LGBTTIQ, el feminismo, la salud, la inclusión, la educación, la equidad y tantos otros? Porque, para nosotros, Espiritismo no es contemplación ni un grupo de ideas para una espiritualidad de quietud, inacción e inercia. Los derechos humanos y el Espiritismo buscan exactamente lo mismo, el mejoramiento de la humanidad, propiciando condiciones donde tal mejoramiento, tal progreso, sea realizable y alcanzable para toda persona. Sin excepciones, sin miramientos, sin condiciones, sin privilegios.


Algunos individuos se acercan a nuestros grupos caminando y explorando con nociones espiritualistas que no necesariamente responden a los moldes religiosos o tradicionales. Hemos sabido tener entre nuestros estudiantes, ya que nos especializamos en la educación espírita, a personas de muchos y muy diferentes formas de contemplar la vida y al ser humano. Algunos se incomodan porque esperan encontrar en nosotros otro grupo más de meditación, de contemplación, de mediumnismo asistencialista o de adivinación a lo necromántico. Otros esperan una sesión con médiums que traigan "de lo alto" palabras ensalzadas de poesía que no les requiera nada más. No. Eso no es lo que el Espiritismo nos ofrece, ni es lo que nosotros como espiritistas debemos procurar.


Quedarnos callados, contemplativos, silentes y ajenos a una injusticia nos hace cómplices. Pensar que "la espiritualidad, o los ángeles, o el karma, o la vida, o la divinidad, o la madre tierra" o alguna otra cosa se encargará de corregir a quien abusa, de señalar a quien atropella o de proveer condiciones a quien sufre de carencias no es parte de la filosofía espírita. Eso pertenece a otras formas de pensamiento y a una multiplicidad de modas pasajeras que generan un placebo, un bienestar temporero y efímero, donde el individuo no sabe qué hacer ni de dónde agarrarse, cuando las crisis llegan. A esas personas les agradecemos que nos hayan dado la oportunidad de tocar sus conciencias, aunque se hayan alejado debido a esto mismo, a que se hace un llamada constante, consistente y real a convertir en gestos lo que pregonamos. Confiamos en que, en su debido momento, sea en esta vida o en otras, esas semillas que hemos sembrado germinarán, reflejándose en una nueva oleada de Espíritus comprometidos con la búsqueda del bien para todos, no solamente para sí.


En cierta oportunidad, como reacción a una serie de eventos que nos sacudieron profundamente, expresé en un foro virtual: “¿De verdad alguien puede decirse 'soy bien espiritual' cuando...?

* A su alrededor se cometen injusticias sociales, pero calla, porque está 'meditando'.

* Frente a esa persona se laceran sensibilidades, se menosprecia a la niñez, se ignora a la vejez y se desconecta de todo, porque está 'orando'.

* No participa de una opinión ética, no defiende al marginado que tiene al frente, porque está alabando a 'Dios'.

* No se inmiscuye en cosas de la comunidad, ni recicla, reduce o reutiliza, porque 'el Universo todo lo equilibra'.

Disculpen, pero como Espiritista me es muy difícil entender una espiritualidad inactiva, contemplativa, permisiva e irresponsable.

A lo mejor otros piensen así, no sé...”


El amigo y divulgador espírita internacional Jon Aizpúrua leyó nuestras palabras y reaccionó añadiendo: “Muy de acuerdo con la reflexión del compañero José Arroyo.

Con Kardec y Denis, con Amalia y Navarro Murillo, con Mariño y Porteiro, con Amorim y Pires, con Grossvater y Barboza, con Matienzo y Colón, aprendimos que el Espiritismo nos convoca a ejercer una espiritualidad activa, responsable, que coloca al espírita del lado de los desheredados de la fortuna -frase feliz de Kardec- y a señalar las injusticias sociales y las inequidades, y a sensibilizarse y solidarizarse con los que sufren.

Ahora bien, eso también ha de incluir una posición coherente en la denuncia de los regímenes dictatoriales de cualquier signo y de los totalitarismos, que violan los más elementales derechos humanos, que llevan a los países a la miseria y la ruina, y causan masivas migraciones de millones de personas que huyen espantadas y procuran sobrevivir.

Todos esos ítems y muchos más, de orden moral y social, tienen que ver con el concepto de espiritualidad activa, que oportunamente ha recordado nuestro amigo puertorriqueño”.


Tal vez estas palabras le lleguen a alguien que buscaba en el Espiritismo algo distinto a lo expuesto. No pretendemos que toda persona piense como nosotros. Lo que sí pedimos, aspiramos y esperamos es que otros no estorben el camino de los que sabemos que un mundo mejor se logra marchando y haciendo, no sólo especulando y hablando bonito. A todas las personas que creen que una sociedad mejor es posible y que un mundo mejor lo construimos mediante el verbo junto a la acción, les invito a que compartan este mensaje y se unan a nuestras actividades.

Menos pasividad, menos indiferencia, menos inercia y más “medita-acción” así como más “ora-acción”, eso es lo que espiritualmente se espera de todo individuo.


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