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  • Yolanda Clavijo

Kardec y el Futuro de la Filosofía Espírita

Se realizan por parte de intelectuales y dirigentes espíritas, algunas especulaciones acerca del carácter religioso o científico, filosófico y ético del pensamiento espírita. Basándose en Kardec se tienen diferentes visiones y se esbozan algunas teorías. Unos se inclinan por la idea de que el maestro lyonés le hacía concesiones a la iglesia, o que deseaba crear una nueva religión, otros se decantan por manifestar que en la fase de ordenación y sistematización de los conocimientos aportados por los espíritus fue reflexionando y ampliando el horizonte de sus propias convicciones e incluso llegó a concluir que serían interpretadas libremente de acuerdo a la autonomía de cada individuo o grupos de espíritas.


En Obras Póstumas citamos textualmente: "Pretender que el Espiritismo esté por todas partes organizado de la misma manera, que los espíritas del mundo entero se hallen sujetos a un régimen uniforme, a una misma forma de proceder, que tengan luz en un punto fijo hacia el cual dirijan siempre sus miradas, hay un mundo de diferencia, y sería una utopía, un absurdo".


Se presume según algunos investigadores que se ha desvirtuado la concepción de espiritismo cristiano que manifiesta Kardec en algunos de sus libros, tal como lo expone el intelectual y editor brasileño Eugenio Lara en su obra 'Breve ensayo sobre el humanismo espírita': "Ser cristiano, en el tiempo, de Kardec era sinónimo de alma virtuosa, no necesariamente vinculada al cristianismo. Por eso el fundador del espiritismo utilizó el término cristiano en ese sentido moral, comportamental, como hizo en la clasificación de varios tipos de espíritas".


También, se ha de tener en cuenta que Allan Kardec dejó claro, en lo que sería su último gran discurso el primero de noviembre de 1868, en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas al preguntarse y responder; "¿Por qué, pues, hemos declarado que el Espiritismo no es una religión? Por la razón de que no hay una única palabra para expresar dos ideas diferentes y de que, en la opinión general, la palabra religión es inseparable de culto; de que esa palabra revela exclusivamente una idea de forma, que el Espiritismo no tiene. Si el Espiritismo se dijera religión, el público sólo vería en él una nueva edición, una variante si se quiere, de los principios absolutos en materia de fe; una casta sacerdotal con su cortejo de jerarquías, de ceremonias y privilegios; no lo separaría de las ideas de misticismo y de los abusos contra los cuales la opinión pública frecuentemente se ha sublevado. Al no tener ninguna de las características de una religión, en la acepción común de la palabra, el Espiritismo no podía ni debía adornarse de un título sobre cuyo valor las personas se confundirían inevitablemente; he aquí el motivo por el cual se dice simplemente: doctrina científica, filosófica y moral".


Ahora bien, ¿creía Kardec, que se generarían cismas en el movimiento espiritista hasta dividirse y tener posiciones irreconciliables, cuando las bases doctrinarias fundamentales, sus principios, son iguales tanto para espíritas cristianos, como laicos y librepensadores?


En mi visión personal pienso que sí. Como hombre más avanzado en el tiempo de la época en que le tocó vivir, sus diálogos con espíritus, tanto filósofos como religiosos, en búsqueda de un equilibrio en los planteamientos, deja a cada estudioso, con mente abierta y teniendo como norte el progreso y el perfeccionamiento del espíritu, que interprete y comprenda la doctrina espírita, con absoluta libertad.


Es imposible ocultar que las religiones en la trayectoria milenaria del espíritu han dejado profunda huella en la psiquis humana. Desprenderse de dogmas, cultos, rituales, que durante siglos y diferentes existencias han venido constituyendo hábitos, no es un proceso que se da de inmediato sino progresivamente, en el entendido de que en la medida que nos deslastremos de la concepción de un Dios teísta que premia o castiga, o de creencias como la condenación, la culpa, el karma, la expiación y de esa negativa tendencia de hacerle culto al dolor o al sufrimiento, en esa misma medida comprenderemos por la expansión de nuestra conciencia que los arquitectos de nuestro propio destino somos nosotros mismos, responsables de nuestras acciones. Veremos las experiencias que vivimos, unas más complejas que otras, como oportunidades de aprendizaje y como seres libres para pensar, actuar y decidir, iremos alcanzando nuestra propia autonomía moral e intelectual.


Para finalizar, hemos de recordar ante el carácter progresivo de la filosofía espírita, que el pedagogo francés indica nuevamente en Obras Póstumas lo siguiente: "La verdad absoluta es eterna y por eso mismo invariable, pero ¿quién puede vanagloriarse de poseerla por entero? En el estado de imperfección de nuestros conocimientos, lo que hoy nos parece falso podemos mañana reconocerlo como verdad, a causa de haber descubierto más leyes sea en el orden moral como físico".





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